¿CÓMO SE HA TRANSFORMADO LA LLAJTA?

Fuente: Los Tiempos
*Foto: Las qollqas (silos incaicos), que en el pasado almacenaron 40 variedades de maíz, en el valle de Cotapachi, Quillacollo. | Daniel James.
Publicado el 26/06/2016 a las 0h00

Lic. Melby Mojica S., FUNDACIÓN CONDES

La belleza paisajística, el verdor y la capacidad agrícola de los espacios geográficos que hoy conforman Cochabamba, fueron  valorados desde su llegada a estos pródigos valles por el Inca Capaj Yupanki, quien ordenó a su hijo Huayna Capaj establecer un territorio y fundar la Llajta. Con el correr del tiempo, esta tierra se convirtió en un gran productor maicero y en el principal granero del Imperio del Tahuantinsuyu.

Similar impresión y gran admiración sintió el científico Alcides d’Orgbigny al llegar a las tierras de la Llajta, quien al observar desde las alturas, reconoció la inigualable biodiversidad y singular belleza del valle.

En las últimas décadas los problemas sociopolíticos y económicos afectaron la belleza y la tranquilidad de Cochabamba. La marcada migración campo-ciudad y el éxodo de llajtamasis al exterior del país determinó la modificación y transformación del paisaje y el entorno natural. Así como el desmesurado crecimiento urbano, tanto en la capital del departamento como en las provincias, afectó nuestra exuberante biodiversidad.

La expansión de la mancha urbana afectó la belleza de las campiñas, desaparecieron las cantarinas acequias de agua cristalina que bajaban desde la cordillera, no se volvió a escuchar el croar de sapos y ranas, se desvanecieron las intermitentes luces de bellas luciérnagas, desaparecieron los frondosos molles y sauces llorones, junto con ellos el trinar de diferentes aves como las chulupias, que agradecían por la copiosa y oportuna lluvia. Como tampoco es posible disfrutar del constante y ágil correteo de hacendosos y trabajadores horneros, por mencionar algunas de las bellas características que tenían estos valles. En resumen, hubo una pérdida sostenida del patrimonio natural.

Hoy pagamos tributo al competitivo y no planificado crecimiento de las edificaciones verticales en la ciudad. Nos encontramos con calles, avenidas y parques con una presencia reducida de especies nativas. Las más de ellas, envejecidas y enfermas por el paso del tiempo y la marcada contaminación.

La nueva tendencia de forestar y reforestar monótonamente con especies exóticas, poco aportan al paisaje y al ecosistema local, pues su incapacidad de florecer nos privan del alegre colorido que otrora brindaban los chilijchis, los jacarandas o las tipas. Qué decir de las malas prácticas silviculturales que dejan árboles mutilados, muertos en pie.

Ante este deprimente panorama, se alzan voces ciudadanas de protesta que motivan a los cochabambinos a recobrar la identidad bioclimática.

El compromiso y las acciones concretas de estos actores, constituyen el ejemplo y aliento para la recuperación de un ambiente saludable.

Es necesario romper paradigmas y creencias vecinales de que el árbol es cobijo de mal entretenidos, ensucia y destroza veredas, impide la visualización de nuestras fachadas, o algunos otros justificativos más que evitan la presencia de árboles en nuestras calles. Son creencias injustificadas, pues, con un correcto tratamiento silvicultural, esas apreciaciones serán descartadas.

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