Paisaje urbano sustentable: un mito en Cochabamba

Fuente: Los Tiempos
*Foto: La autopista en 1989 y el jardín que lo reemplazó en 2015 cerca del embarcadero en San Francisco, EEUU. | Los Tiempos
Publicado el 31/07/2016 a las 0h00

José Carlos Eróstegui Losantos (Arquitecto-Diseñador)

Para hablar del paisaje urbano es vital entender ambos términos a fin de evitar confusiones: El paisaje es todo aquello que es observado, sea un objeto o varios que configuran un espacio con cualidades; lo urbano caracteriza todo lo que es de la ciudad. 

Por tanto, el paisaje urbano es el espacio físico libre y accesible inscrito en la ciudad que pertenece a todos los habitantes, visitantes y residentes, con características naturales y artificiales.

Durante mucho tiempo, se priorizó al concreto sobre la naturaleza, pero de un tiempo a esta parte la tendencia va en sentido contrario, y no son pocos los casos donde quedó demostrado que tras el concreto y el ladrillo, la naturaleza siempre mejora los paisajes. 

Por ejemplo, en San Francisco, la autopista Embarcadero Freeway colapsó tras el terremoto de 1989 y en su lugar se optó por crear un paseo con jardines y árboles. 

Este proyecto tuvo tal éxito que aún sobrevive, generando, además, un valor agregado al suelo, que influye en la economía de la ciudad. Hoy, nadie extraña aquel monumento al concreto, que además entorpecía el paisaje costero. 

Las necesidades de las ciudades y sus habitantes se han ido transformando y adaptando a nuevas condiciones; lo que en el pasado simbolizaba progreso, hoy ya no es así. Lo que antes representaba el concreto hoy es representado por el árbol.

Las constantes alteraciones del medio ambiente han generado nuevas preguntas sobre el futuro de las ciudades, que plantean incorporar la naturaleza y particularmente los árboles en las ciudades. 

Existen propuestas que afirman que debemos convivir con la naturaleza; sin embargo, aún son muy pocas las ciudades que apuestan por este camino: el desarrollo sustentable, es decir, desarrollo ambiental, social y económico de forma armónica. 

Un desarrollo así supone una planificación responsable, equilibrada y comprometida con el medio ambiente, e implica una revalorización de los paisajes, cosa que en la ciudad parece una opción aún lejana, pues la planificación del crecimiento urbano no toma en cuenta la armonía con lo natural. 

Esto lleva al caos ambiental y estético del paisaje. La arquitectura paisajística es incipiente y muy poco valorada, tal vez por la errónea noción de progreso que aún se impone en el imaginario colectivo.

En tanto no cambiemos esa mentalidad desde nuestros propios estilos de vida, la competitividad del país en cuanto a desarrollo y producción sustentable permanecerá en el escalón del cual hace mucho no logramos ascender. 

Por todo ello, es necesario diseñar e implementar políticas de gestión que busquen integrar, en armonía, lo natural y lo artificial para generar espacios amigables, equilibrados, eficientes y duraderos. Esta tarea y lo que pasa en nuestras ciudades es responsabilidad de todos. 

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